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Los taxistas de Madrid especializados en mascotas

“Preferimos llevar a un perro que a tres borrachos cada noche”, dicen en Mascotaxi, que disponen de ocho vehículos para pasajeros con amimales

«Esto comenzó cuando nos dimos cuenta de que nadie quería llevar mascotas, aunque en realidad nos animó una de nuestras clientas». Así fue cómo Marcelino y Mario decidieron organizarse junto con un pequeño grupo de compañeros para dar cobertura a los clientes de taxis con mascotas.

A pesar de que la normativa madrileña no refleja ninguna prohibición en lo relativo a llevar animales en el transporte público en automóviles de turismo, los pelos, los excrementos y la necesidad de adaptar el vehículo para las mascotas echa para atrás a gran parte del gremio. Marcelino y Mario, sin embargo, prefieren ese tipo de servicio a otros que realizan con asiduidad. «Preferimos llevar a un perro que a tres borrachos y eso sucede cada noche», aseguran categóricos.

Esa fue la razón que les empujó a repartir tarjetas por diferentes clínicas veterinarias y a preparar cuadrantes para que al menos uno de ellos estuviera disponible para los pasajeros de cuatro patas. Una decena de clínicas a modo de puntos de información repartidas por Madrid ciudad y ocho taxis fueron el inicio de esta iniciativa. «Sabemos que muchas veces es difícil encontrar taxi para vuestros amigos, ya no tienes de qué preocuparte, nosotros nos encargamos», rezan los sencillos flyers informativos.

Ahora ultiman los preparativos para su inmersión en Ntaxi, la app con la que el gremio intenta plantar cara a Uber y Cabify. Ideada por tres taxistas en Barcelona, una de sus principales ventajas consiste en la posibilidad de que varios usuarios compartan el mismo vehículo durante toda una ruta y Marcelino confía en que la incorporación de Mascotaxi suponga beneficios para ambos.

Mario lo tiene claro: «Queríamos abrir un poco el campo de acción. La solución para nuestros problemas pasa por innovar y actualizarse, y en el mundo del taxi prácticamente no se innova». Ya sea innovación o visibilizar un servicio poco ofertado, lo cierto es que desde el inicio de la campaña Mascotaxi ha aumentado su volumen de trabajo sensiblemente y se ha hecho con un puñado de clientes habituales.

«Son clientes que no suelen tener prisa y no ponen problemas, lo agradecen un montón», cuentan. Una manta impermeable con aberturas y un cinturón especial para enganchar al arnés del animal con un mosquetón en uno de los extremos, eso es todo lo que un taxista necesita para transportar mascotas. Sin embargo, Mario y Marcelino han llegado a establecer en ocasiones un vínculo más estrecho con los perros y sus dueños, y cuentan con el contacto de una ambulancia veterinaria, así como de un servicio funerario para animales.

Una de las pocas líneas rojas para estos mascotaxistas es el servicio que incluyaanimales ya fallecidos y aunque puede parece algo evidente, ciertos clientes han intentado recurrir a estos trabajadores en esa tesitura. «Alguna vez nos han llamado para llevar a las mascotas y sus dueños al entierro del animal pero eso no podemos hacerlo por cuestiones sanitarias», cuentan.

Siempre hablando de animales vivos y acompañados por sus dueños, perros y gatos son los clientes más asiduos a Mascotaxi, aunque también han recibido la visita de alguna especie un poco más exótica. En palabras de Mario: «Hemos llegado a llevar un cerdo vietnamita y hubo quien nos preguntó si podíamos transportar una pitón, contestamos que si no venía en una urna hermética, declinábamos».

Fuente: http://www.elmundo.es/

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Más Rastro y menos Palacio Real

El Teatro Real, el Museo Thyssen y los restaurantes de alta cocina pierden fuelle en Madrid. Mientras, cada vez más turistas se acercan a ver en qué consiste eso del Rastro, cómo es irse de cañas por la Latina o comer en la tasca con más solera de la ciudad. O, al menos, eso es lo que se deduce del Atlas de Turistificación, impulsado por la arquitecta y comisaria Ariadna Cantís y elaborado por 300.000 km/s, empresa formada por los arquitectos y urbanistas Pablo Martínez y Mar Santamaría.

“El turista mira la ciudad desde fuera y el visitante se implica y quiere ir a los mismos sitios que va el ciudadano local”, explica Pablo Martínez, señalando que cada año aumentan las personas que viajan a la capital en modo visitante en detrimento del turista tradicional. Basándose en datos de Google Trends y midiendo el peso de cada palabra en las búsquedas a lo largo del tiempo, 300.000km/s ha observado cómo se han transformado los intereses de las personas que visitan Madrid en los últimos años.

Tal y como cuenta Martínez, el ejemplo paradigmático de este cambio es el binomio Teatro Real-Rastro. “El Rastro siempre ha sido una cosa para los de Madrid, pero nunca ha tenido una salida turística y ahora los turistas están más interesados por este mercadillo. Sin embargo, el interés por grandes monumentos de Madrid, como puede ser el Palacio Real, va decreciendo”, señala el urbanista.

La pérdida del interés en la cultura y una mayor predilección por la gastronomía es otro rasgo característico de esta nueva especie del turista. El Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo Nacional Centro Reina Sofía y el Museo del Prado; las tres grandes pinacotecas madrileñas motivan cada año menos búsquedas. Esta tendencia, de una década en el caso del Reina Sofía y de unos cinco años en el Thyssen, “contrasta con la cantidad de personas interesadas en comer en Madrid”, cuentan desde 300.000km/s.

Sin embargo, según han concluido Pablo Martínez y Mar Santamaría, no es cualquier tipo de comida la que se ha puesto de moda en Madrid. Suscita más interés el hecho de ir a comer a los sitios a los que van los madrileños que el motivado por la alta gastronomía. “Cada vez más gente se interesa por los pinchos y las tapas y se registran menos búsquedas de restaurantes madrileños condecorados con estrellas Michelin”, presentan. Además, el interés por los “tópicos” de la gastronomía madrileña, como son los churros y el bocadillo de calamares, también ha aumentado en los últimos años. La creciente apatía de los turistas por la música y los conciertos en Madrid completan el círculo de este trasvase de inquietudes.

Más alojamiento en pisos en detrimento de hoteles

En este contexto, se sitúan los creadores de Atlas de la turistificación para explicar, entre otras cosas, el exponencial aumento de los alquileres turísticos en Madrid en contraposición con la tendencia a la baja de los alojamientos hoteleros. “La idea del turismo de hoteles decreció ya mucho antes de la aparición de Airbnb, no es que los hoteles hayan perdido a causa de la aparición de Airbnb”, matiza el arquitecto.

En la diferencia entre hoteles y alquiler turístico también influye este concepto del turista-visitante. “El visitante quiere la experiencia, y tú tienes más experiencia si vas al Rastro y te quedas en un Airbnb que si vas a un hotel y al Palacio real”, zanja en pocas palabras la comisaria de este atlas, Ariadna Cantís. Ella pretendía “abordar el problema de la turistificación de una manera diferente, empezando por mapear la realidad“, y para ello contó con 300.000km/s y la Casa Encendida, coproductora de esta idea. “Martínez y Santamaría tienen esta empresa que permite visualizar datos y luego geolocalizarlos”, cuenta la comisaria, incidiendo en el carácter interactivo de los mapas.

En ellos se observa cómo este cambio del perfil del turista en Madrid ha tenido sus efectos en la ciudad, sobre todo en algunos barrios del centro, llegándose a cambiar a los vecinos por turistas. “Lavapiés, Malasaña o Chueca han gentrificado a partir del turismo y se ve sobre todo por el número de alquileres, pero también por la desaparición de los mercados de alimentos frescos y los servicios, porque ya no hay ciudadanos”, explica Cantís.

A este efecto, Cantís reconoce la necesidad de seguir en esta senda de investigación. “Esta fotografía que nosotros hemos podido sacar requiere un segundo estudio en profundidad ya que todo nuestro trabajo ha sido con datos abiertos y públicos”, sostiene. Asimismo, conmina a las instituciones a regular la actividad turística en Madrid. “A mí me parece que la ciudad ideal tiene que hacer convivir el turismo con los habitantes”, concluye.

Fuente: http://www.elmundo.es/

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